lunes, 15 de febrero de 2016

15 DE FEBRERO NATALICIO DE DOMINGO F. SARMIENTO

Nació el 15 de febrero de 1811 en una casa del barrio Carrascal, uno de los más humildes de la ciudad de San Juan, capital de la actual provincia homónima, hijo de José Clemente Cecilio Quiroga Sarmiento y Paula Zoila Albarracín Irrazábal. Tuvo una niñez marcada por la instrucción y la educación. Fue legislador y gobernador de su provincia natal. Sufrió repetidos exilio debido a su acérrima oposición al bando federal. Como Presidente de la Nación, asumió el cargo el 12 de octubre de 1868. La presidencia de Sarmiento fue la segunda de las presidencias históricas de Argentina. Estas presidencias históricas o fundacionales del estado argentino moderno tuvieron tres claros objetivos o metas: “nación, constitución y libertad”. Generalmente se acepta que Sarmiento centró la mayor parte de su esfuerzo gubernativo en la promoción de la educación, aunque algunos historiadores afirman que dio al menos igual importancia a la extensión de las comunicaciones en el país. A fin de garantizar la educación primaria, trajo desde los Estados Unidos 61 maestras primarias; creó las primeras escuelas normales, tomando como ejemplo la Escuela Normal de Paraná, fundada en 1870. Una de las primeras medidas de Sarmiento fue organizar el primer censo nacional, que se realizó en el año 1869; el mismo arrojó el resultado de 1 836 490 habitantes para el país.  El 8% del total eran inmigrantes europeos, el 70% era población rural, y el 71% del total era analfabeta. Durante su mandato tuvo un aumento importante la inmigración, con la llegada de 280 000 inmigrantes, que se asentaron principalmente en la ciudad de Buenos Aires y –en menor medida– en colonias agrícolas en las provincias del Litoral. A comienzos de 1888 se embarcó con su hija Faustina y sus nietos para Asunción. El 11 de septiembre de 1888 Sarmiento falleció en la capital paraguaya, a los 77 años de edad y sus restos fueron inhumados en el Cementerio de la Recoleta en Buenos Aires diez días después. Ante su tumba, Carlos Pellegrini sintetizó el juicio general: “Fue el cerebro más poderoso que haya producido la América. Figura controversial y discutida en cuanto a sus principios personales y políticos, atento sus inclinaciones a despreciar los pueblos originarios y propugnar acercamientos, incluso a pesar de la dependencia, a las potencias centrales de Occidente.  


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